El Síndrome del Impostor: Por qué cuanto más logras, más sientes que eres un fraude.

Tus diplomas, tus ascensos y los aplausos de tus colegas tienen un “pero” constante en tu cabeza: “Fue suerte”, “Estaba en el lugar correcto” o “Pronto se darán cuenta de que no sé nada”.

Vives con el miedo de que alguien, en cualquier momento, te toque el hombro y te diga: “Ya sabemos quién eres de verdad. Recoge tus cosas”. Esto no es modestia; es una trampa psicológica que afecta, irónicamente, a las personas con más alto rendimiento.

1. La Paradoja del Pedestal

El Síndrome del Impostor no ataca a quienes no hacen nada. Ataca a los que escalan.

  • El mecanismo: Cuanto más subes, más alto es el pedestal. En lugar de sentirte seguro por tus logros, sientes que la caída será más dolorosa cuando el mundo “descubra la verdad”.
  • El fenómeno de la cortina: Tú conoces tus dudas, tus errores y tus momentos de caos interno. Pero solo ves el éxito exterior de los demás. Comparas tu detrás de cámaras con el estreno de película de los otros.

2. El Ciclo Infinito del “Fraude”

Este síndrome se alimenta de sí mismo a través de un ciclo vicioso:

  1. La Tarea: Se te asigna un nuevo proyecto.
  2. La Ansiedad: Aparece el miedo al fracaso.
  3. La Respuesta: O te sobre-preparas (trabajas 20 horas diarias) o procrastinas por pánico (y luego lo haces a toda prisa).
  4. El Éxito: Logras un resultado excelente.
  5. La Atribución: En lugar de decir “soy bueno”, dices “fue suerte” o “solo trabajé duro porque no sabía lo que hacía”.
  6. Resultado: El miedo aumenta para la próxima vez.

3. Los 5 Perfiles del Impostor

Identificar cuál es tu “sabor” de impostor es el primer paso para desarmarlo:

  • El Perfeccionista: Si no es perfecto al 100%, es un fracaso total.
  • El Genio Natural: Si algo le cuesta esfuerzo, cree que no es realmente talentoso.
  • El Experto: Siente que nunca sabe lo suficiente; necesita un curso más, un libro más, una certificación más.
  • El Individualista: Si pidió ayuda, el logro “no cuenta”.
  • El Superhumano: Se exige ser el mejor en el trabajo, como padre, como amigo y en el gimnasio simultáneamente.

La Perspectiva del Psicólogo

Desde el diván, veo el Síndrome del Impostor como un problema de internalización. El paciente tiene las pruebas (la evidencia externa del éxito), pero no tiene el “recipiente emocional” para guardarlas.

El “Yo Público” vs. el “Yo Privado”

El impostor vive en una disociación constante. Ha creado una imagen de competencia que el mundo ama, pero él se siente como un niño usando los zapatos de su padre: le quedan grandes y tiene miedo de tropezar.

  • Lo que realmente sucede: No es que seas un fraude, es que tu crítico interno tiene un estándar de perfección que es, literalmente, inhumano.

El éxito como amenaza

Para el impostor, el éxito es peligroso. Cada ascenso es una nueva oportunidad para ser humillado. En terapia, trabajamos para que el paciente entienda que el error no es evidencia de incompetencia, sino de aprendizaje.

“Mi opinión personal es que el Síndrome del Impostor es el precio que paga el talento por su propia conciencia. Solo alguien muy capaz se preocupa tanto por no serlo.”

Conclusión: La “mala noticia” liberadora

La realidad es que casi nadie sabe exactamente qué está haciendo el 100% del tiempo. Todos estamos, en cierta medida, improvisando sobre la marcha. La diferencia es que el “impostor” cree que es el único que lo hace. El éxito no es la ausencia de dudas; es avanzar mientras las dudas te gritan que eres un fraude.

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